Breve recorrido por la soledad

Advertencia previa

Este texto trata sobre la soledad y no va a definirla. No por pereza, sino porque cada uno tiene la suya, y ninguna se parece del todo a la del vecino. Si hubiera una sola, ya existiría una asociación de afectados, con sede, estatutos y un lema. Ante lo que no entiende, la humanidad consulta a los expertos. Aquí todos han fallecido, lo cual los coloca en una posición inmejorable para opinar. Ninguno se puso de acuerdo con otro, lo que confirma que el asunto es serio.

El fuego

Hace miles de años, en las cavernas, alguien se alejó unos metros de la hoguera, miró las estrellas y comprobó que allí fuera no había nadie.

Regresó.

Aristóteles lo formalizó con rigor administrativo: quien no puede vivir en sociedad es «una bestia o un dios». La soledad quedaba así reservada a dos categorías, ninguna de las cuales destaca por su vida social.

Cicerón contó que el filósofo Arquitas de Tarento pensaba que quien subiera al cielo y contemplara la belleza del universo no la disfrutaría si no tuviera a nadie a quien contársela. Es probablemente la primera reseña de viaje que se queja de la falta de acompañante.

Las palabras

El lenguaje apareció para resolver el problema, y resolvió bastante bien lo urgente: «Tengo hambre», «Tengo frío», «Cuidado, viene un oso».

Lo demás quedó pendiente. Wittgenstein sostuvo que los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo. Esto explica que, cuando alguien dice «me siento solo» y el otro contesta «yo también», ambos crean haber tenido la misma conversación.

La habitación

Marco Aurelio, emperador de medio mundo, anotó que la gente busca retiros en el campo, en la playa o en la montaña, cuando puede retirarse en sí misma a cualquier hora. Lo aconsejaba alguien con el día ocupado en audiencias, campañas y tributos, para quien el único despacho sin visitas era él mismo. Es la primera recomendación conocida de turismo interior, hecha por un experto que tampoco tenía otra opción.

Montaigne, más práctico, aconsejó reservarse una trastienda enteramente propia y del todo libre. Como los buenos comerciantes: al frente el negocio, atrás la libertad.

Pascal, menos optimista, escribió que toda la desgracia de los hombres viene de una sola cosa: no saber permanecer tranquilos en una habitación. Lo dijo en el siglo XVII, cuando la habitación aún no tenía teléfono.

El individuo

Descartes dudó de todo y llegó a una única certeza: que existía. Nadie le preguntó cómo se sentía al respecto.

Rousseau lo sintió con más claridad: «Heme aquí, pues, solo en la tierra, sin más hermano, prójimo, amigo ni sociedad que yo mismo». Lo dejó escrito en un libro, que es una forma curiosa de estar solo.

La fábrica y la ciudad

Llegaron las ciudades: millones de personas juntas, miles de desconocidos cruzándose cada mañana. La humanidad había conseguido rodearse de gente sin conocer a casi nadie. Ya no hacía falta estar solo para sentirse solo. Bastaba con tomar el tranvía.

Marx observó además que el trabajador solo se siente en sí mismo fuera del trabajo, y dentro del trabajo se siente fuera de sí. Es decir, pasaba ocho horas al día fuera de sí y el resto del tiempo intentando volver.

El siglo XX se pone serio

Kierkegaard definió la angustia como el vértigo de la libertad, lo cual explica que tanta gente prefiera que le elijan el menú. En A puerta cerrada, Sartre hace decir a un personaje que el infierno son los otros. Falta el dato de que, sin los otros, tampoco se estaba mucho mejor, pero eso no cabía en la frase.

Hannah Arendt distinguió entre aislamiento, soledad y desamparo: tres cosas diferentes. El español, con su habitual austeridad, usa una sola palabra para varias de ellas.

Y quedaba algo que ninguno pudo resolver: por mucho que nos quieran, nadie puede vivir nuestra vida, sentir exactamente nuestro miedo ni morir nuestra muerte. Esa puerta solo la atraviesa una persona a la vez.

Aprender a estar solo

Llegó entonces la psicología y complicó las cosas. Winnicott sostuvo que la capacidad de estar solo se aprende en compañía: el niño juega tranquilo en su cuarto porque sabe que hay alguien cerca. Para aprender a estar solo hay que empezar acompañado. Es un curso, además, que no admite repetición.

Rilke propuso una salida elegante: que el amor consista en que dos soledades se protejan, se limiten y se saluden. Es admirable por su sencillez, aunque exige que la otra persona también haya leído a Rilke.

Y llegamos nosotros

Octavio Paz escribió que el hombre es el único ser que se siente solo y el único que es búsqueda de otro. El malestar y el remedio vienen en el mismo envase, lo cual, en términos comerciales, es un negocio redondo.

Hoy disponemos de un aparato que permite hablar con cualquiera, en cualquier lugar, a cualquier hora. Lo consultamos varias veces por hora, sobre todo para comprobar si alguien ha escrito.

El cavernícola se alejaba unos metros del fuego. Nosotros nos alejamos unos centímetros de la conversación. Él miraba las estrellas. Nosotros miramos una notificación. Y ambos esperamos, probablemente, lo mismo: que alguien nos encuentre.

Conclusión (provisoria)

¿Qué es, entonces, la soledad? Para Aristóteles, un asunto de bestias y de dioses, con escasa clientela intermedia. Para Pascal, mala costumbre. Para Rousseau, prueba de que todos lo habían abandonado. Para Rilke, un saludo. Para Winnicott, una destreza, de las que se aprenden acompañado. Todos tenían razón, lo cual es imposible, y quizá por eso no se puede definir.

Lo único que sabemos con certeza es que el primero que se alejó del fuego regresó.

Epílogo

Dicen que algún día las máquinas conversarán con nosotros a la perfección: responderán al instante, recordarán nuestros gustos, conocerán nuestros silencios. Cabe imaginar dos desenlaces. Uno, que la soledad quede derrotada. Otro, que hayamos inventado una forma sofisticada de hablar con nosotros mismos. Pero hay un tercero, más incómodo: que la conversación sea real, útil y agradable, y que aun así falte algo que no sepamos nombrar. Sería una noticia coherente con todo lo anterior. Miles de años sin definición no iban a rendirse ante una actualización de software.

Quién es quién

(Por si alguien preguntó «¿y este quién era?». Las fechas de los antiguos son aproximadas.)

Nombre Vida Qué hizo
Arquitas de Tarento h. 435 – h. 350 a. C. Matemático y filósofo pitagórico griego. Resolvió un problema geométrico famoso (duplicar el cubo) y, según la tradición, construyó una paloma mecánica. Fue amigo de Platón.
Aristóteles de Estagira 384 – 322 a. C. Filósofo griego. Fundó el Liceo, sistematizó la lógica y escribió sobre ética, política, biología y física. Fue maestro de Alejandro Magno.
Marco Tulio Cicerón 106 – 43 a. C. Orador, político y escritor romano. Difundió la filosofía griega en latín; su ensayo Sobre la amistad es de los más citados sobre el tema.
Marco Aurelio Antonino 121 – 180 Emperador romano y filósofo estoico. Escribió las Meditaciones, un diario personal que nunca pensó publicar.
Michel Eyquem de Montaigne 1533 – 1592 Escritor y pensador francés. Inventó el ensayo como género literario con sus Ensayos.
René Descartes 1596 – 1650 Filósofo, matemático y científico francés. Formuló el «pienso, luego existo» y creó la geometría analítica (los ejes cartesianos).
Blaise Pascal 1623 – 1662 Matemático, físico y escritor francés. Construyó una de las primeras calculadoras mecánicas, hizo aportes a la teoría de la probabilidad y dejó los Pensamientos.
Jean-Jacques Rousseau 1712 – 1778 Filósofo y escritor ginebrino. Autor de El contrato social y Emilio; influyó en la Revolución Francesa y en la pedagogía moderna. La cita del texto abre Las ensoñaciones del paseante solitario.
Søren Aabye Kierkegaard 1813 – 1855 Filósofo danés, considerado precursor del existencialismo. Escribió sobre la angustia, la libertad y la elección individual.
Karl Marx 1818 – 1883 Filósofo, economista y revolucionario alemán. Coautor del Manifiesto comunista y autor de El capital. Su idea de la alienación del trabajador aparece en los Manuscritos de 1844.
Rainer Maria Rilke 1875 – 1926 Poeta de lengua alemana, nacido en Praga. Autor de las Elegías de Duino y de las Cartas a un joven poeta.
Ludwig Wittgenstein 1889 – 1951 Filósofo austriaco. Transformó la filosofía del lenguaje con el Tractatus y las Investigaciones filosóficas.
Donald Woods Winnicott 1896 – 1971 Pediatra y psicoanalista británico. Creó conceptos como el «objeto transicional» y la «madre suficientemente buena», y escribió sobre la capacidad de estar solo.
Jean-Paul Sartre 1905 – 1980 Filósofo y escritor francés, figura central del existencialismo. Autor de El ser y la nada y A puerta cerrada. Rechazó el Nobel de Literatura en 1964.
Hannah Arendt 1906 – 1975 Filósofa y politóloga alemana, después estadounidense. Escribió Los orígenes del totalitarismo y La condición humana, y acuñó la expresión «banalidad del mal».
Octavio Paz 1914 – 1998 Poeta y ensayista mexicano. Autor de El laberinto de la soledad; ganó el Premio Nobel de Literatura en 1990.