Tres años abriendo puertas al mundo

El honor de representar a todos, no a algunos

Tuve el honor de ejercer un cargo que no figuraba en ningún escalafón salarial, que no otorgaba privilegios de protocolo ni asiento reservado en ningún vuelo oficial. Era, en la letra, una embajada de buenos oficios, de la mano del entonces alcalde de Pilar, Dr. Humberto Zuccaro.

En la práctica, era algo más difícil y hermoso: la responsabilidad de representar a una comunidad entera frente al mundo, cargando su nombre como si fuera el propio. Procuré, desde el primer día, que esa representación no sirviera a los intereses de algunos elegidos, sino a los de todos. Esa convicción fue la brújula. Y también, muchas veces, la fuente de las tensiones inevitables que todo mandato honesto genera.

El camino a Europa: cuando una invitación se convierte en historia

Todo comenzó con una llamada y una intuición. En 2013, desde la Secretaría de Gobierno del Municipio, llegó una invitación a participar en el Foro Transfiere, en Málaga, España. Era una cita de vinculación tecnológica, discreta en su escala inicial pero enorme en su potencial. Allí fue donde comprendí que Pilar tenía algo genuino para ofrecer al mundo, y que el mundo estaba dispuesto a escuchar.  Nosotros, la empresa teníamos la oficina central en Madrid.

La empatía fue inmediata. No la de los protocolos ni los discursos de apertura, sino la que surge cuando dos realidades reconocen en la otra un espejo de sus propias aspiraciones. El Parque Tecnológico de Andalucía se convirtió en el primer anclaje concreto de esa visión: Bedson, una empresa ultra exportadora pilarense instaló allí una división de investigación y desarrollo, obtuvo financiamiento europeo, y demostró que desde el interior del Gran Buenos Aires se podía competir con rigor en los mercados más exigentes del planeta.

Ese laboratorio en Málaga no fue solo una sede comercial. Cumplió también funciones de representación, de punto de encuentro, de oficina abierta para quienes quisieran tender puentes entre dos orillas del Atlántico. La innovación tiene esa virtud: borra fronteras sin pedir permiso.

Asia en el horizonte: Taiwán, China, el sudeste asiático

El mandato no miró solo hacia Europa. Hubo encuentros en Taipéi, giras por la República Popular China, presencia en ferias del sudeste asiático como VIV Asia, en Bangkok. Cada viaje era una lección de humildad y de ambición al mismo tiempo: humildad porque uno aprende rápidamente que el mundo no espera a nadie, y ambición porque verificaba, en cada reunión, que lo que se producía en Pilar merecía un lugar en las góndolas y en los laboratorios de países que uno, desde la infancia, solo había imaginado en los atlas escolares. La industria veterinaria y de aditivos alimenticios es global, implacable y apasionante.

Moverse en ella con el nombre de un municipio argentino en el bolsillo requería convicción. Y también, hay que decirlo, requería saber escuchar antes de hablar.

Argentina como país invitado: el logro más colectivo

Quizás el resultado más satisfactorio de esos años fue contribuir a que Argentina fuera reconocida como país invitado en Transfiere 2018. No era un reconocimiento menor: significaba que la comunidad científica y empresarial europea estaba dispuesta a mirar hacia el sur con atención genuina, no por cortesía diplomática. Siempre sostuve que ese momento era una oportunidad que no había que desperdiciar: tanto los centros de investigación del Estado como las empresas privadas debían mostrarse juntos, con lo mejor de sí, sin complejos y sin improvisaciones.

La ventana se abría. Había que atravesarla con paso firme.

Lo que queda cuando los títulos se guardan

Al final de un mandato así, uno no cuenta contratos firmados ni cifras de exportación como si fueran medallas. Lo que queda es otra cosa: la certeza de haber actuado con integridad, de haber abierto puertas que otros podrán continuar atravesando, y de haber aprendido, en cada aeropuerto y en cada sala de reuniones, que el fanatismo y la mezquindad son los únicos enemigos reales del progreso.

Un cargo no rentado, ejercido con vocación, vale más que muchos ejercidos con calculadora. Esa fue la enseñanza más duradera de esos tres años.

Cierre: El eco de un aprendizaje global

Al hacer un balance final, esta experiencia de tres años —aquel «mandato sin sueldo» que me llevó a tender puentes entre Pilar, EE. UU., Europa y Asia— se consolida como una lección definitiva sobre el poder del servicio público desinteresado.

Un momento que encapsula este espíritu fue mi invitación a título personal a la asunción de Barack Obama. Lejos de ser un hecho aislado, esa experiencia fue el catalizador que trasladé directamente a la alcaldía de Pilar. Comprendí entonces que, como solía enfatizar Obama, el liderazgo no se trata de los títulos que uno ostenta, sino de la capacidad de inspirar a otros a participar en la construcción de su propio futuro.

Ese fue el motor que guió cada paso en las giras por Taiwán o en la sede de Málaga: entender que, al igual que en las grandes causas, la verdadera gestión consiste en abrir puertas para que otros puedan atravesarlas, demostrando que desde el interior del Gran Buenos Aires es posible competir con rigor en los mercados más exigentes del planeta.

Al final, este recorrido me deja la convicción de que el mundo no espera a nadie, pero siempre está dispuesto a escuchar a quienes, con humildad y ambición, deciden dejar de ser espectadores para convertirse en protagonistas de su propia historia.