Cuando una abuela ya no pueda cargar
Lo que no sé
Voy a empezar por lo que no sé, que es lo más honesto que tengo. No sé cómo terminó esta historia. La conocimos hacia 2009: Margarita Rojas Suárez, abuela de la colonia Jalalpa El Grande, en México, y su nieto Othón Moreno, un niño con parálisis cerebral que había quedado a su cargo desde muy pequeño.
No sé si Margarita sigue viva. No sé si Othón está bien. Y me niego a inventarles un final, porque un final inventado es una mentira con buenos modales. Tampoco sé qué le hacía reír a Othón, ni qué canción le pedía a su abuela en el autobús. Lo lamento, porque un niño es mucho más que la razón del cansancio de otro. Seguro tenía manías, un humor, una cara de fastidio cuando llegaba el terapeuta. No se los voy a inventar. Pero sé que estaban.
Los autobuses
Lo que sí sé es cómo eran sus mañanas.
Para llegar a la rehabilitación, en el CRIT de Tlalnepantla, Margarita tomaba varios autobuses. Usted y yo vamos al trabajo en autobús y ya nos parece un trámite. Ahora súmele un niño que no puede desplazarse solo. Margarita lo cargaba. Subía con él, bajaba con él, caminaba con él, esperaba, volvía. Y al día siguiente, otra vez. No lo llamo hazaña. Las hazañas duran un día y salen en la foto. Esto era otra cosa: un lunes igual al martes, igual al miércoles. El cansancio de verdad no está en el peso del cuerpo. Está en saber, mientras te duele la espalda, que mañana toca de nuevo.
Un poquito
¿Y para qué tanto viaje? No para curar nada. La terapia no prometía borrar la parálisis cerebral. Prometía algo más modesto y más grande: que Othón ganara un poco de autonomía, que mañana pudiera hacer algo que hoy no podía. Una abuela cruzando una ciudad entera por un poquito. Eso es el amor, casi siempre: no un discurso, un transbordo.
La cuenta pendiente
Pero Margarita llevaba otra cuenta, de las que no se dicen en voz alta. Los brazos de una abuela no mejoran con los años, y el niño crece. Y detrás de esa cuenta venía otra, peor: qué pasa con Othón cuando ella ya no esté.
Esa pregunta no era solo de Margarita. Es de muchísimas casas. Hay abuelas, madres, hermanos y padres que organizan la vida alrededor de una terapia, que esperan turnos en pasillos, que celebran avances que a otros les parecerían migajas, y que casi nunca oyen a nadie decirles «lo estás haciendo bien». Lo digo yo, ya que nadie lo dice: lo están haciendo bien.
Una soga floja
Pero el amor de una familia no puede ser la única red. En las películas alcanza. En la vida real es una soga floja sostenida por una sola persona cansada.
Hay más red de la que parece
- En España existe ASPACE, el movimiento de entidades de parálisis cerebral: 89 entidades y 234 centros, con atención temprana, rehabilitación y respiro familiar.
- En Sevilla está ASPACE Sevilla, en Dos Hermanas, con toda la federación andaluza detrás.
- Está la Ley de Dependencia, que reconoce al cuidador no profesional y que en 2026 se reforma para ampliar sus derechos de información, formación y apoyo.
Nada de esto es perfecto, ni llega a todos, ni siempre tiene plaza. Pero existe, y una red que nadie conoce funciona igual que una red que no existe.
Tres cosas chiquitas
Si conoces a una familia que cuida, pregúntale cómo está ella, no solo cómo está el niño. Ofrécele dos horas libres, o llevarla en tu coche a la terapia. Y si puedes, acércate a una ASPACE: siempre buscan voluntarios. Un gesto pequeño, repetido por muchos, pesa más que una gran promesa de pocos.
El final que todavía se puede escribir
Cuando una abuela ya no pueda sostener a su nieto en brazos, ¿quién lo va a sostener a él? Hoy la respuesta depende de que alguien la dé. Y eso, ahora que lo pienso, es una buena noticia, porque lo que depende de alguien puede cambiar.
No sé cómo terminó Margarita. Pero sé cómo puede empezar la próxima historia: con una vecina que dice «yo te llevo», con un voluntario que toca una puerta, con alguien que mañana, en una parada de autobús, ve a una mujer con un niño en brazos y en vez de mirar para otro lado pregunta si puede ayudar.
Ese final no está escrito. Lo escribimos nosotros, empezando mañana.
