¿Cómo va Milei? La pregunta que cambia según quién la responda

Desde Madrid, un argentino intenta explicar por enésima vez que la macro y la heladera no siempre están de acuerdo, y hay una pregunta que repiten mis amigos españoles con la puntualidad de un ritual:

—¿Y cómo va Milei?

La hacen con curiosidad genuina, casi con esperanza. Y yo, con los años, aprendí a no responder rápido. Porque la verdad es que la pregunta tiene trampa: depende de qué Argentina se esté mirando. Hay una que vive en los informes del Banco Central y otra que vive en el carro del supermercado. Las dos son reales. El problema es que casi nunca coinciden.

La foto que ordena el elogio

Empecemos por lo indiscutible. La inflación, que en diciembre de 2023 corría a un ritmo que asustaba hasta al más acostumbrado, hoy se mueve en otro planeta: 1,9% mensual en junio de 2026. Para cualquier argentino que recuerde remarcar precios dos veces por semana, eso no es un dato técnico: es un cambio de vida. El déficit fiscal, ese agujero que durante décadas se tapó con la maquinita, se corrigió. Las reservas mejoraron. Ese es el logro real de Milei, y no es poco: convertir el caos en algo parecido al orden. La primera batalla —estabilizar— se ganó. Pero estabilizar no es lo mismo que enriquecer.

Y ahí empieza la segunda parte de la historia, la que no se ve tan bien desde una planilla de Excel.

La cuenta que sorprende al turista (y la que rescata al argentino)

Conozco la escena porque la vi de las dos maneras. Un matrimonio español vuelve de Bariloche encantado con el paisaje y algo incómodo con la cuenta del restaurante. Y un argentino entra a un Zara en Madrid, mira una etiqueta, y le dice a su pareja «llevate dos» como si hubiera encontrado petróleo. No es percepción: el índice de Fundar, que compara precios argentinos en dólares con los de la región, muestra que Argentina se abarató 10,4% frente a América Latina en el último año, pero sigue especialmente cara en restaurantes e indumentaria. Vivienda, comunicaciones, educación y transporte también se encarecieron frente a la región desde que empezó el programa.

La cuenta no cierra igual en todos los rubros, y ahí es donde el visitante —y el propio argentino— nota la diferencia. Es apreciación cambiaria real, dicho en criollo: el tipo de cambio se movió menos que los precios internos. El dólar minorista rondaba los $1.513 a comienzos de julio, con una inflación mensual que seguía cerca del 2%. Repetido mes tras mes, el resultado es una moneda que compra más afuera de lo que rinde adentro.

Cuando la macro mejora y la vida no acompaña al mismo ritmo

Acá está, para mí, el nudo de todo.

La actividad económica crece, pero de manera despareja: en abril de 2026 subió 1,6% interanual, aunque cayó 1,5% contra el mes anterior en términos desestacionalizados, con agricultura y minería tirando para arriba mientras industria y comercio retrocedían. No es una economía que mejora pareja para todos al mismo tiempo, y esa asimetría es la que se siente en el día a día mucho antes de que aparezca en un informe.

Es tentador —y cómodo— resolver esta tensión con una frase hecha: «los números están bien, pero la gente la pasa mal». Prefiero no quedarme ahí, porque es una media verdad que no explica nada. La pregunta más honesta es otra: ¿el atraso cambiario es un costo transitorio de haber cortado la emisión y bajado la brecha, algo que se corrige solo cuando la economía se normaliza del todo? ¿O es una tensión estructural que el propio esquema no puede resolver sin, en algún momento, convalidar una corrección más brusca del tipo de cambio?

Los economistas que defienden el rumbo actual apuestan a la primera lectura. Los que lo cuestionan, a la segunda. Yo no tengo forma de saber quién tiene razón, y sospecho que nadie la tiene todavía con certeza.

Dejar de ser barata no es lo mismo que ser rica

Hay una distinción que me parece la más útil de todas, y no es mía: un país puede tener precios altos en dólares por dos motivos opuestos. Porque su moneda está atrasada, o porque sus salarios son altos. Suiza es cara porque los suizos ganan mucho. Argentina, hoy, tiene precios que empiezan a parecerse a los europeos con salarios que todavía no. Esa es la apuesta de fondo del programa: que la estabilidad de hoy sea la base de salarios más altos mañana. Es una apuesta razonable. También es una apuesta que todavía no ganó.

¿Y entonces, cómo va Milei?

Va mejor de lo que buena parte de la región —y del propio país— esperaba hace dos años. La inflación que parecía imposible de domar se domó. El estado dejó de vivir de emitir. Eso no es un detalle menor y sería injusto no reconocerlo.

Pero la pregunta que en 2027 va a definir todo no va a ser sobre el déficit primario. Va a ser mucho más simple, y mucho más difícil de responder desde un discurso: con lo que gano, ¿vivo mejor que hace cuatro años? Esa pregunta todavía no tiene una respuesta uniforme, y probablemente dependa de en qué sector, en qué provincia, con qué salario se la haga cada uno.

Mientras tanto, en Madrid, la pregunta va a seguir llegando cada vez que alguien se entera de dónde soy.

—¿Y cómo va Milei?

Y esta vez, en lugar de una respuesta cerrada, dejo la pregunta abierta: ¿cuánto tiempo puede sostenerse una mejora que se ve en los números antes de que tenga que verse, también, en el bolsillo?

Esa es, quizás, la verdadera cuenta pendiente.

Posdata:

Los números de la región confirman la paradoja. Según el FMI, Argentina va a ser en 2026 la economía que más crece de América Latina, con una expansión proyectada del 3,5% (y 4% en 2027), muy por encima de Perú (2,8%), Chile (2,4%), Colombia (2,3%) o México (1,6%).

Pero en inflación ocurre exactamente lo inverso: con un 16,8% acumulado en el primer semestre, Argentina quedó segunda en el ranking regional, superada solo por Venezuela, y muy lejos de Bolivia (4,82%), Colombia (4,77%), Brasil (3,36%) o México (1,50%). Para todo el año, el FMI proyecta una inflación del 30,4% en Argentina, contra un promedio regional del 6,7% y economías como Brasil o México que cerrarán cerca del 4%.

Es decir: comparada con sí misma, Argentina mejoró como en ningún otro momento reciente. Comparada con sus vecinos, sigue siendo, al mismo tiempo, la que más crece y la que más inflación tiene. Dos primeros puestos que casi ningún otro país de la región combina — y que resumen, mejor que cualquier discurso, por qué la macro y la heladera todavía no se ponen del todo de acuerdo.

Fuentes consultadas:

Agradecemos a Federico Beker la colaboración en esta nota