Restaurante y Bar El Buen Gusto: “donde el lujo llega con botas de obra”
El sitio donde nadie iba a presumir… hasta que empezaron a faltar mesas
Siempre he tenido una teoría que no aparece en las guías gastronómicas: los mejores restaurantes rara vez están donde los turistas creen que están. Están donde la gente come porque necesita recuperar fuerzas, no porque quiera hacer una foto para las redes sociales.
Por eso me gustan los bares de barrio. Los de verdad. Esos donde el camarero ya sabe quién toma el café solo, quién necesita dos trozos de pan y quién llega con más hambre que tiempo. Así fue como conocí El Buen Gusto.
No está en una plaza con naranjos ni frente al mar. Está en el Complejo Industrial Elviria, rodeado de talleres, almacenes, gasolineras, empresas de construcción y ese ir y venir de furgonetas blancas que, si uno se fija bien, son las que levantan las ciudades mientras los demás todavía estamos durmiendo.
Durante años hubo allí otro proyecto gastronómico que hizo las cosas bien y cumplió su ciclo. Hasta que, hace cuatro años, apareció Gerthy con una idea tan sencilla como valiente: cambiar el nombre, imprimirle su personalidad y empezar otra historia. Hay quien abre un restaurante para ganar dinero, y hay quien lo abre porque le gusta que la gente salga sonriendo.
La diferencia se nota antes del primer bocado.
El cocinero que cambió la seguridad por los fogones
Gerthy hizo algo que no todo el mundo se atreve a hacer: convenció a Ryan, un italiano que cocina como los dioses, su pareja, de abandonar un trabajo estable para apostar por este sueño. A veces pensamos que la locura consiste en arriesgar. Yo sospecho que, muchas veces, la verdadera locura es quedarse toda la vida preguntándose qué habría pasado. Ryan cocina con la tranquilidad de quien conoce bien su oficio. Podría llamarlo chef, pero prefiero decir que es cocinero. Chef es un cargo. Cocinero es una manera de entender la comida. Y eso se nota en cada plato que sale de esa cocina.
Trece euros que parecen una broma… pero no lo son
Con ese oficio como base, no sorprende lo que consiguen hacer con el menú del día. Los conocí hace un año y desde entonces sigo sin entender cómo mantienen esos precios. De lunes a viernes, entre las 13 y las 16 horas, ofrecen un menú que parece escapado de otra época: varios primeros, varios segundos, bebida, pan y postre por solo 13 euros. En Marbella. Sí, en Marbella. La ciudad donde uno puede gastar esa misma cantidad simplemente aparcando mal.
El menú cambia todos los días. Hay ensaladas frescas y generosas, pastas italianas, sopas calientes cuando el invierno aprieta y sopas frías cuando el verano convierte el asfalto en una sartén. Después llegan las carnes de cerdo, pollo o ternera, pescados variados, legumbres, arroz, patatas… Y finalmente aparecen los postres. Todos caseros. Si alguien me pidiera elegir solo uno, recomendaría sin dudar la tarta de queso, con una advertencia: después resulta muy difícil volver a conformarse con otras.
Las sonrisas también alimentan
Una buena cocina puede hacer que regreses. Pero una buena atención consigue que sientas que vuelves a casa. Nani recibe a todo el mundo con esa simpatía colombiana que parece inmune al cansancio. Johnny se mueve entre bebidas y postres con una alegría muy centroamericana que termina contagiándose hasta al cliente más serio. Mientras tanto, en la cocina, dos ayudantes hacen que todo funcione con una coordinación silenciosa que pocas veces recibe el reconocimiento que merece. En un restaurante uno suele felicitar al cocinero, pero detrás de cada plato siempre hay muchas manos. Y todas cuentan.
Los desayunos de la gente que trabaja de verdad
A las siete de la mañana ya tienen la cafetera funcionando. Ahí desayunan electricistas, albañiles, mecánicos, transportistas, pintores, operarios de carretera y toda esa gente que empieza la jornada cuando muchos todavía buscan el botón de apagar la alarma. Son desayunos contundentes, pensados para combatir tanto el frío como el calor. Porque trabajar bajo el sol andaluz tiene mucho mérito y muy poco filtro de Instagram.
Cuando el boca a boca vence a la publicidad
Durante mucho tiempo las mesas estuvieron ocupadas casi exclusivamente por trabajadores del polígono. Era lógico: comían bien, rápido, y a un precio que parecía pensado por alguien con los pies en la tierra. Pero empezó a pasar algo curioso. Llegaron familias. Después aparecieron parejas. Más tarde comenzaron a verse turistas.
Todos habían llegado por la misma razón. Alguien les había dicho:
—Ve. Ya me darás la razón.
El boca a boca sigue siendo la publicidad más difícil de comprar. Y la más fácil de creer.
Hasta el lujo sabe encontrar el camino
Marbella seguirá siendo Marbella, con su glamour, sus playas, Puerto Banús y ese desfile permanente de coches que parecen recién salidos de un catálogo. Pero desde hace un tiempo me sucede algo curioso: voy al polígono industrial donde está El Buen Gusto y empiezo a ver aparcados algunos de esos mismos coches de alta gama, justo al lado del taller mecánico.
Quizá la buena cocina nunca entendió de códigos postales. Solo de hacer bien las cosas. Y El Buen Gusto parece haber entendido esa receta a la perfección.
Restaurante y Bar El Buen Gusto Complejo Industrial Elviria, Avenida Francisco Zarco 28, 29604, Elviria, Marbella (Málaga). +34 678 313 264.
