El arte de elegir, cuando el miedo nos quiere dictar la agenda

La vida, si uno la mira con atención, no es más que una sucesión interminable de encrucijadas.

Estamos ahí, parados frente a ese abismo que llamamos «presente», con el corazón latiendo a mil por hora, preguntándonos si doblar a la izquierda o seguir derecho, si aceptar el trabajo que nos quita el sueño o quedarnos en la seguridad de la mediocridad conocida, si decir «te amo» o guardarnos el miedo en un bolsillo. Y en medio de ese vértigo, siempre aparece la misma duda, esa que nos carcome por dentro: ¿Qué hago? ¿Cuál es, la mejor decisión?

Buscamos certezas en un mundo que no las vende, pero a veces, muy de vez en cuando, alguien nos tira una soga. No es una tabla de salvación mágica, ni una bola de cristal que nos dice qué números saldrán en la quiniela. Es algo mucho más simple: una brújula de bolsillo que debemos a la visión de Suzy Welch *.

La trampa del instante

Solemos ser especialistas en el cortoplacismo. Somos animales entrenados para el alivio inmediato. Si nos duele la cabeza, tomamos la pastilla; si nos aburrimos, abrimos la red social; si nos da miedo el conflicto, cedemos. Esa es la trampa: la urgencia nos nubla la vista. Decidimos basándonos en cómo nos sentimos ahora mismo, en el hambre de dopamina de los próximos diez minutos. Pero las decisiones importantes no se toman con el impulso, se toman con perspectiva. Y ahí es donde entra en juego una técnica —no se la llame método, porque suena a manual de instrucciones aburrido— que es más bien un ejercicio de honestidad brutal con uno mismo: el 10-10-10.

Viajar en el tiempo sin moverse del sillón

La idea es sencilla, casi insultante de tan básica. Antes de saltar al vacío, antes de enviar ese mensaje que no deberías o de firmar ese contrato que te da mala espina, tenés que obligar a tu cerebro a salir de la cueva del presente. Tenés que viajar.

Preguntate: ¿Qué voy a pensar de esto en diez minutos? A veces, la respuesta es simple: vas a estar aliviado, vas a haber sacado el peso de encima, o vas a estar arrepentido de la impulsividad.

Ahora, estirá un poco más la mirada: ¿Cómo me voy a sentir dentro de diez meses? Aquí es donde el ruido empieza a bajar. Diez meses es tiempo suficiente para que las emociones se acomoden, para que el polvo se asiente y la realidad se imponga. ¿Esa decisión que hoy te parece el fin del mundo seguirá siendo importante? ¿O será solo una anécdota, un trámite, un mal trago ya olvidado?

Y finalmente, el gran salto: ¿Qué importancia tendrá esto en diez años? Esta pregunta es un filtro de basura existencial. ¿Importa dentro de una década si renunciaste a ese puesto de medio pelo? ¿Importa si te peleaste con aquel conocido por un comentario fuera de lugar? La mayoría de nuestras agonías actuales, vistas desde la lente de los diez años, se vuelven minúsculas, casi invisibles.

El espejo de nuestros propios valores

La técnica no sirve para que alguien más tome la decisión por vos. Eso no existe. Lo que hace es quitarte el peso de la angustia innecesaria y devolverte la pelota a tu campo. Cuando te obligás a mirar hacia el futuro, dejás de decidir por miedo y empezás a decidir por diseño. Te das cuenta de que las cosas que te importan hoy —el orgullo, el ego, la mirada del otro— se evaporan cuando las ponés a trasluz de una década de vida. Lo único que queda, lo único que resiste ese ejercicio de honestidad, son tus valores. Aquello que, en diez años, vas a querer recordar que hiciste.

¿Y entonces?

No hay recetas mágicas, insisto. La vida es un ensayo constante donde el guion se escribe sobre la marcha y la mayoría de las veces nos olvidamos la letra. Pero al menos, con este ejercicio, dejamos de improvisar como locos para empezar a improvisar con una idea mínima de hacia dónde queremos caminar.

Ahora, mientras leés esto, tenés esa decisión ahí, dando vueltas en la cabeza como un ruido de fondo que no te deja dormir. Esa que sabés que tenés que tomar, pero que te paraliza. ¿Qué pasa si cerrás los ojos, respirás profundo y te preguntás qué dirías de esto, con la distancia necesaria, cuando el tiempo haya hecho su trabajo? ¿Qué pasa si, por una vez, te atrevés a mirar más allá de lo que dice tu urgencia y escuchás lo que dice tu vida?

 

*Suzy Welch, autora de tres libros superventas del New York Times , profesora de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York y fundadora de Becoming You Labs, es la creadora de dos marcos de trabajo de renombre que han ayudado a millones de personas en todo el mundo a tomar mejores decisiones y descubrir su propósito.