La pregunta al revés

¿Y si la vida no está esperando en Marte, sino que ya estuvo allí?

Hay preguntas que cambian de tamaño según desde dónde se las mire.

Durante décadas, la humanidad ha mirado al cielo y se ha preguntado si existe vida en otros planetas. Es una pregunta legítima, apasionante, casi infantil en su belleza. Pero hay una versión más inquietante de esa misma pregunta, y es la que empieza a formularse con mayor urgencia en los laboratorios del mundo: ¿y si la vida no está esperando ahí afuera, sino que ya vivió, floreció y desapareció mucho antes de que nosotros existiéramos para buscarla?

Marte, el planeta rojo y vecino silencioso, acaba de entregar nuevas pistas.

Lo que encontró Curiosity en las entrañas del tiempo

Un equipo de investigadores de Estados Unidos, México y Francia acaba de publicar en la revista Nature Communications un hallazgo que merece detenerse a leer con calma: el rover Curiosity, ese laboratorio rodante que lleva años recorriendo el cráter Gale, detectó más de veinte moléculas orgánicas en rocas marcianas de 3.500 millones de años de antigüedad.

No son moléculas simples. Son compuestos complejos: benceno, tolueno, naftaleno, metilnaftaleno, trimetilbenceno, benzotiofeno y metilbenzoato, entre otros. Nombres que suenan a química de laboratorio, pero que en realidad son algo mucho más profundo: son la firma química de procesos que conocemos muy bien aquí, en la Tierra. El método utilizado fue una técnica de química húmeda con una sustancia llamada tetrametilamonio hidróxido, el TMAH, aplicada directamente en el laboratorio SAM a bordo del Curiosity.

Este reactivo tiene la capacidad de romper enlaces moleculares y liberar fragmentos de materia orgánica atrapada dentro de la roca, fragmentos que luego son identificados mediante cromatografía de gases acoplada a espectrometría de masas. En términos simples: se calentó la roca, se le añadió un reactivo químico, y lo que salió fue analizado con una precisión extraordinaria.

El resultado amplió de golpe la biblioteca química conocida de Marte.

Una bioquímica que nos resulta familiar

Aquí es donde el análisis se vuelve verdaderamente perturbador, en el buen sentido de la palabra.

El benceno y el tolueno son compuestos aromáticos que en la Tierra se asocian a procesos petroquímicos, pero también a la descomposición de materia orgánica antigua. El naftaleno y sus derivados metilados aparecen en sedimentos terrestres, en meteoritos y en procesos prebióticos, es decir, en las condiciones químicas que preceden a la vida tal como la conocemos.

El benzotiofeno, detectado por primera vez en Marte, es una molécula que contiene azufre en su estructura cíclica. En la Tierra, el benzotiofeno se encuentra en el petróleo crudo y en el carbón, dos sustancias que son, en esencia, el residuo comprimido de millones de años de materia biológica. Su presencia en rocas marcianas de 3.500 millones de años no prueba que haya habido vida, pero sí que las condiciones químicas para procesos orgánicos complejos existieron.

El metilbenzoato confirma que el reactivo TMAH funcionó correctamente, lo que valida todo el experimento. Lo más llamativo es que estos compuestos tienen sus equivalentes exactos aquí, en la Tierra, hoy mismo. No son moléculas extraterrestres ni exóticas. Son, en gran medida, las mismas moléculas que encontraríamos en sedimentos antiguos, en cuencas petrolíferas, en fósiles químicos de vida microbiana. La química, en apariencia, no distingue de planetas.

Cuando Marte era joven y la Tierra todavía no era nuestra Tierra

Hace 3.500 millones de años, la Tierra existía, pero era un lugar irreconocible:

Océanos de agua caliente, atmósfera sin oxígeno libre, erupciones volcánicas constantes. Era el período conocido como el Arcaico, el tiempo de las primeras bacterias, los primeros organismos unicelulares, la vida en su forma más elemental y resistente. Marte, en ese mismo período, tenía agua líquida, una atmósfera más densa, y al parecer, una química orgánica activa. Lo que encontró Curiosity en el cráter Gale no es casualidad: las rocas ricas en arcilla de esa región ofrecen condiciones favorables para conservar sustancias químicas complejas durante eones. Como señaló Amy Williams, coautora del estudio: la materia orgánica se ha conservado en Marte durante 3.500 millones de años, y eso, en términos científicos, es la prueba de que un entorno puede haber sido habitable.

Habitable no significa habitado. Pero es el primer requisito.

El cierre que no cierra

La técnica TMAH abre ahora un camino nuevo para futuras misiones.

Hay moléculas que solo aparecen con este método, compuestos que permanecían invisibles para las técnicas anteriores. ¿Cuántas moléculas más esperan todavía en esas rocas rojas, atrapadas en el silencio de miles de millones de años? Quizás la pregunta más honesta no sea si hay vida en Marte. Quizás la pregunta más honesta sea si llegamos demasiado tarde para encontrarla viva, y si lo que estamos desenterrando ahora, molécula a molécula, roca a roca, es simplemente su memoria química.

La historia de la vida en el universo puede ser mucho más larga, y mucho más solitaria, de lo que estábamos dispuestos a imaginar.