El 8 de marzo no es un día cualquiera

Es el día en que las mujeres miran el calendario y siento un cosquilleo al pensar en ellas, como si dentro llevaran mariposas y piedras al mismo tiempo. Es el día en que las calles se pintan de violeta y sus corazones laten más fuerte, más juntos, más libres.

Es el día de la abuela que no aprendió a leer porque cuidaba a los hermanos

De la madre que planchaba camisas ajenas mientras soñaba con que sus hijas estudiaran. De la hija que hoy puede elegir, aunque elegir todavía duela un poquito. De la nieta que pregunta «¿por qué?» y no se conforma con cualquier respuesta.

Es el día de las que pudieron y de las que no

De las que llegaron y de las que se quedaron en el camino. De las que tuvieron voz y de las que apenas susurraron. De las que salieron a la calle con miedo y con rabia, con esperanza y con el corazón desbocado.

Es el día de recordar que hubo un tiempo

En que votar era de hombres, estudiar era de hombres, mandar era de hombres. Y ellas, las mujeres, miraban todo desde la ventana, desde la cocina, desde el silencio. Hasta que un día dijeron basta. Hasta que un día dijeron presente. Hasta que un día descubrieron que juntas eran un huracán.

Es el día de las que cosen, las que curan

Las que enseñan, las que conducen, las que mandan, las que crean, las que aman, las que luchan. De las que hacen malabares para llegar a todo y todavía tienen tiempo para secar una lágrima. De las que se caen y se levantan, se vuelven a caer y se vuelven a levantar, porque rendirse no está en el diccionario de las que tienen alma de mujer.

Es el día de la memoria y la resistencia

De las que alzaron la voz cuando hablar era peligroso. De las que escribieron con sangre sus historias para que hoy podamos leerlas sin censura. De las que cantaron canciones de cuna y también himnos de libertad.

No es una celebración vacía de regalos y tarjetas

Es un recordatorio urgente de que todavía falta. Faltan igualdades, faltan respetos, faltan oportunidades, falta que el miedo cambie de vereda. Es un recordatorio de que cuando una mujer avanza, ninguna se queda atrás. De que cuando una mujer alza la voz, todas cantan con ella.

Es el día de mirarlas a los ojos y reconocerlas

De entenderlas sin palabras. De abrazarlas fuerte, muy fuerte, porque el mundo a veces duele y el abrazo de hermana es el mejor remedio. Es el día de pensar en las que vienen. En las niñas que hoy juegan a ser princesas, pero mañana serán ingenieras, astronautas, presidentas. En las que todavía no saben que pueden, y necesitan que se lo mostremos con el ejemplo.

El 8 de marzo no es un día cualquiera

Es el eco de un grito que viene de lejos y se escucha cada vez más claro. Es un susurro que se hizo grito, un grito que se hizo canción, una canción que se hizo multitud. Es el día en que las mujeres salen a la calle y el mundo las mira con otros ojos. Con ojos de respeto. Con ojos de admiración. Con ojos de «por fin». Con ojos de igualdad.