Antibióticos en equipo: cuando dos son mejor que uno
La infección que no avisa
Hay bacterias que viven en la piel como vecinos discretos. Y hay días en que, sin pedir permiso, se cuelan en la sangre y convierten una fiebre en una amenaza. La bacteriemia por Staphylococcus aureus es una de esas historias clínicas que empiezan con un escalofrío y pueden terminar en una estadística: hasta un 30% de mortalidad.
No es una infección rara ni caprichosa. Exige antibióticos intravenosos durante semanas, retirar catéteres infectados y buscar complicaciones como la endocarditis o los focos metastásicos. Durante años, la comunidad científica probó combinar antibióticos para mejorar el pronóstico. Pero los grandes ensayos clínicos no lograban demostrar un beneficio claro para todos los pacientes. La combinación parecía prometer mucho y cumplir poco.
Hasta ahora.
Un estudio con bisturí estadístico
Un trabajo liderado por el Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario de Bellvitge (HUB), el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL) y la Universitat de Barcelona (UB) ha demostrado por primera vez que la combinación de antibióticos sí puede mejorar significativamente el pronóstico… siempre que se use de forma selectiva y personalizada.
El artículo, publicado en The Lancet Regional Health – Europe, es fruto de la colaboración de una docena de hospitales españoles en el marco del Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Infecciosas (CIBERINFEC) del Instituto de Salud Carlos III, que financió el proyecto.
El primer firmante es el Dr. Francesc Escrihuela-Vidal (HUB, IDIBELL). El estudio ha sido liderado por el Dr. Jordi Carratalà (HUB, IDIBELL, UB) junto con la Dra. Belén Gutiérrez-Gutiérrez (Hospital Universitario Virgen Macarena e Instituto de Biomedicina de Sevilla).
La clave no fue añadir más fármacos, sino afinar la puntería.
Reanalizar para entender
En lugar de resignarse a los resultados globales, el equipo realizó un reanálisis de los datos individualizados de dos ensayos clínicos aleatorizados previos. Esta vez, separaron a los pacientes según su riesgo de muerte en las primeras 24 horas, utilizando la clasificación FEN-AUREUS —una herramienta clínica reciente— y los criterios de complicación de la Infectious Diseases Society of America (IDSA).
Los estudios originales incluían:
- 155 pacientes de 18 hospitales: comparación entre daptomicina sola y daptomicina más fosfomicina.
- 215 pacientes de 19 hospitales: comparación entre cloxacilina sola y cloxacilina más fosfomicina.
En el análisis inicial, la terapia combinada no mostraba beneficios significativos en el conjunto global, más allá de acortar la duración de la bacteriemia en quienes recibían fosfomicina.
Pero al estratificar por riesgo, la fotografía cambió.
Los pacientes de bajo riesgo y sin complicaciones no obtenían ventajas claras con la combinación. En cambio, en los pacientes de alto riesgo y con complicaciones, el éxito terapéutico a las ocho semanas fue del 69,2% frente al 25,8%. Y la mortalidad a los 60 días bajó del 45,2% al 23,1%.
No era que la combinación no funcionara. Era que no todos necesitaban lo mismo.
Medicina de precisión, versión antibiótica
“La integración de los criterios de riesgo y de complicaciones puede ayudar a identificar los pacientes que realmente se pueden beneficiar de la terapia combinada”, explica el Dr. Francesc Escrihuela-Vidal.
El Dr. Jordi Carratalà va más allá: habla de un cambio de paradigma. De abandonar la estrategia uniforme para todos y abrazar una medicina de precisión basada en el riesgo individual. Tratar más intensamente a quien lo necesita. Evitar tratamientos innecesarios a quien no.
Es, en el fondo, una idea sencilla: no todos los pacientes con la misma bacteria tienen la misma historia. Y la estadística global puede ocultar beneficios cruciales en subgrupos específicos.
El motor científico detrás
El IDIBELL, creado en 2004, reúne más de 1.500 profesionales distribuidos en 73 grupos de investigación y genera más de 1.400 artículos científicos al año. Está participado por el Hospital Universitario de Bellvitge, el Hospital de Viladecans del Instituto Catalán de la Salud, el Instituto Catalán de Oncología, la Universitat de Barcelona y el Ayuntamiento de L’Hospitalet de Llobregat.
Forma parte del Campus de Excelencia Internacional HUBc, de la institución CERCA de la Generalitat de Catalunya, y fue uno de los primeros centros acreditados como instituto de investigación sanitaria por el Instituto de Salud Carlos III. Además, integra el programa “HR Excellence in Research” de la Unión Europea y es miembro de EATRIS y REGIC. Desde 2018, es Centro Acreditado de la Fundación Científica AECC.
Detrás de los porcentajes hay una arquitectura científica robusta. Y detrás de esa arquitectura, una pregunta clínica concreta: ¿a quién conviene sumar un antibiótico más?
Cierre: la lección invisible
La ciencia a veces avanza sumando moléculas. Y otras, restando ruido. Este estudio no descubrió una bacteria nueva ni un antibiótico milagroso. Hizo algo más sutil: miró de nuevo los datos, pero esta vez con lupa clínica.
Y encontró que, en los pacientes más frágiles, dos antibióticos pueden ser la diferencia entre una curva descendente y una segunda oportunidad.
En tiempos de medicina personalizada, hasta las bacterias exigen estrategia.
