“Crónica para los que se sientan después de la fila diez”

Madrid, España, sábado 3 de enero de 2026 – Una nota incómoda y necesaria sobre cómo seguir viviendo cuando el mundo insiste en desmentirnos.

Despertar con el ruido del mundo

Uno abre los ojos y el mundo ya está gritando. No hace falta prender la radio: el ruido entra solo, como una humedad vieja. Amanecimos con diez conflictos —algunos a los tiros, otros con formularios— que nos recuerdan que la paz es una visita breve y mal anunciada.

La guerra en Venezuela, que se enquista entre discursos y colas; la guerra entre Rusia y Ucrania, que sigue sumando fechas negras; los problemas logísticos de Cuba, donde todo tarda y duele; el conflicto en Gaza y la herida abierta en Medio Oriente; la tensión crónica entre Armenia y Azerbaiyán; la violencia en Haití; el Sahel africano, convertido en un mapa de sobresaltos; el narcotráfico que gobierna territorios en México; la crisis humanitaria en Sudán; y la economía mundial, que no dispara balas pero sí empuja a millones al borde.

Diez. Redondos. Como si el mundo necesitara un número para ordenar el espanto.

El mundo insiste

Insiste en recordarnos que puede ser cruel, absurdo y frágil a la vez. Y uno, con el café a medio tomar, duda: ¿nos hacemos los distraídos o seguimos? El cinismo profesional paga bien, la indiferencia descansa. Pero acá vamos por otra vía: no vendemos nada, no prometemos recetas, no ofrecemos descuentos para el alma. Apenas proponemos pensar un poco, cuando se pueda.

Año nuevo, manual sin instrucciones

Enero llega con olor a cuaderno nuevo y promesas escritas a lápiz. Cambia el número del calendario, pero no el cansancio. Traemos más ojeras, algo de lucidez, y esa esperanza terca que sobrevive al ridículo. Por eso, más que propósitos grandilocuentes, necesitamos buenos ejemplos.

No gurúes del “todo depende de vos”, ni influencers del optimismo. Personas reales. Gente que vive sin aplauso garantizado. Personas que empiezan de nuevo cuando parecía tarde. Que hacen bien su trabajo, aunque nadie los filme. Que sostienen una pasión sin ranking ni premio. Son el antídoto frente a las crisis.

La metáfora del teatro

Hay un teatro invisible donde se sienta la vida. De la fila uno a la diez, se ve bien, hay espacio para estirar las piernas y nadie empuja. Esos no suelen tener problemas, ni en el teatro ni en la vida. Agradecidos deberían estar. Como volar en Business.  De la fila diez para atrás empieza otra película: poco trabajo, poca comida, poco dinero; la salud en cuotas, el futuro con letra chica. Ahí se sienta la mayoría del mundo.

Para ellos va esta nota.

La felicidad como acto subversivo

Hay algo subversivo en la gente feliz. No la felicidad de vidriera, sino esa otra, silenciosa y obstinada. La que se nota en la curiosidad intacta, en el deseo de aprender algo nuevo, en compartir un proyecto todavía en borrador.

Estar cerca de personas así cambia la perspectiva: el mundo no mejora, pero pesa menos. Mantenerse comprometido —ocupado de verdad, no distraído— es un antídoto contra el estancamiento. El compromiso nos saca del piloto automático y nos devuelve la idea de que todavía estamos en juego.

Salir de uno mismo

Salir de nosotros mismos no exige mudanza ni épica. A veces alcanza con escuchar, con participar, con dejar de mirarnos como si fuéramos el único problema que resolver. El ejemplo enseña más que el discurso. Enseña a amigos, a hijos, a desconocidos. No lo que decimos, sino lo que hacemos cuando nadie mira.

Cierre abierto

El 2026 empezó con malas noticias. Negarlo sería una falta de respeto. Pero también empezó con la posibilidad —frágil, persistente— de vivir de un modo que inspire a alguien más.

Tal vez no se trate de cambiar el mundo, sino de no endurecerse. Para los que se sientan después de la fila diez, para los que tienen poco y aun así siguen, la pregunta queda flotando: ¿qué ejemplo estamos dando hoy, mientras el mundo gira y nosotros elegimos cómo caminarlo?