Hilda
Hoy quiero hacer algo que vengo postergando: presentar formalmente a una mujer cuya mirada crítica y afectuosa me acompaña incluso a 12.000 kilómetros de distancia. Hablo de la Dra. Hilda Zulema Zárate, una figura central del ámbito jurídico y académico de la provincia de Corrientes, Argentina, donde desarrolló una trayectoria sólida y profundamente respetada.
En su perfil profesional, se destaca su labor como Ex-Vicedecana de la Facultad de Derecho, Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), institución en la que además lleva adelante la Organización y Coordinación de los Posgrados de la Facultad, impulsando programas de formación que marcaron a generaciones de profesionales. A ese recorrido se suma su rol como Presidenta del Tribunal de Disciplina del Colegio de Abogados, un espacio donde su criterio ético, su solvencia jurídica y su firmeza tranquila fueron decisivos.
Y, aun con semejante recorrido académico e institucional, Hilda encuentra tiempo —desde sus días cargados en Corrientes hasta mis noches del otro lado del mapa— para leer cada artículo que escribo y enviarme una devolución precisa, sensible y luminosa. A 12.000 kilómetros, su mensaje llega siempre como si ella hubiera estado sentada al lado mío.
Hay personas que no entran caminando a una sala: entran ordenando el aire. Uno lo nota enseguida, porque de repente las conversaciones se alinean, los papeles se acomodan solos y hasta el tiempo parece ponerse de pie. La Dra. Hilda Zulema Zárate es una de esas presencias que llegan con la misma naturalidad con la que otros respiran, pero dejando detrás un pequeño temblor de respeto y una estela de atención recién lustrada.
Cuando se la ve de lejos —paso firme, carpeta en mano, gesto que combina paciencia con filo— uno entiende por qué ciertos espacios la adoptan como brújula. En un mundo donde las instituciones suelen crujir por dentro, ella aparece como quien sabe dónde están las bisagras y cómo aceitar cada una sin hacer ruido. No es solo que coordine, organice y lidere: es que lo hace con esa mezcla casi imposible de rigor académico y humanidad práctica, como si llevara una lámpara en una mano y un destornillador en la otra.
Los pasillos de la Facultad de Derecho de la UNNE podrían contar historias de madrugadas largas, discusiones densas y decisiones necesarias. También podrían contar cómo, cada vez que algo amenazaba con desviarse, una figura conocida respiraba hondo, decía “vamos de nuevo” y devolvía el sentido común a la mesa. Su trabajo no descansa en la solemnidad, sino en la eficacia silenciosa: una disciplina que no necesita elevar la voz para hacerse oír.
Y así, entre tribunales, posgrados, debates y firmas, la Dra. Zárate fue construyendo algo más que una trayectoria: un modo. Una forma de entender el Derecho no como un mueble pesado, sino como un oficio vivo que requiere manos firmes, mirada atenta y una convicción que no se negocia.
Hoy, con su permiso, comparto la devolución que me envió ayer sobre mi texto “El velorio anticipado”:
Hola, querido amigo Omar
Con sinceridad, me impactó el tema de tu post. Pero convengamos en que es una realidad insoslayable. Tu texto sacude con una verdad simple y dolorosa: muchas veces llegamos tarde.
Nos esmeramos en homenajes perfectos cuando ya no hay quien pueda recibirlos, mientras postergamos los gestos que sí podrían sostener a alguien hoy.
Omar, invitás a mirar de frente que el cariño sirve de verdad solo en vida: en el mate improvisado, en la visita sin pretexto, en la pregunta sincera que no espera una ceremonia para hacerse.
Porque esas personas que amamos, un día ya no estarán, y entonces llenamos el vacío con flores y discursos que llegan cuando ya no hay oídos.
Pienso que es mejor menos despedidas perfectas y más gestos imperfectos, pero vivos.
En definitiva, Omar, con este texto nos regalás algo simple y valiosísimo: la verdadera lealtad afectiva no se demuestra en el funeral, sino en los días comunes, cuando todavía hay alguien del otro lado que puede reír, llorar o simplemente abrir la puerta y escucharnos o escucharlos.
Gracias, amigo querido.
Cuídate.
Hilda
