¿Por qué hoy vivimos más que nuestros abuelos?
La esperanza de vida ha aumentado de forma notable en las últimas décadas. Este fenómeno no solo responde a los avances científicos, sino también a un profundo cambio cultural en nuestras formas de habitar el cuerpo, la salud y el entorno.
Hace treinta años:
Muchas personas crecían en hogares donde la medicina preventiva era casi inexistente. Se acudía al médico solo en casos graves, y los diagnósticos eran menos precisos. Hoy, gracias a la medicina preventiva, los chequeos regulares y las campañas de vacunación, muchas enfermedades se detectan y tratan a tiempo. Además, los medicamentos son más eficaces, accesibles y específicos, lo que permite tratar afecciones crónicas como la hipertensión o la diabetes sin que comprometan la calidad de vida.
La alimentación es otro factor clave.
Mientras que nuestros abuelos solían alimentarse según lo que había disponible, muchas veces basado en patrones de escasez o sobrecarga de ciertos alimentos, actualmente se promueve una dieta variada y equilibrada. El acceso a información sobre nutrición, así como la disponibilidad de alimentos frescos durante todo el año, nos ha permitido tomar decisiones más conscientes.
La actividad física también ha cobrado un nuevo sentido.
Antes se vinculaba al trabajo duro en el campo o en la fábrica, mientras que ahora es una práctica autónoma, elegida, incluso placentera. Caminar, nadar, bailar o practicar yoga ya no son actividades reservadas para unos pocos; forman parte de un estilo de vida que prioriza el bienestar integral.
Además, hay factores menos visibles, pero igualmente importantes.
Uno de ellos es el acceso al agua potable y el saneamiento, que ha reducido considerablemente las enfermedades infecciosas. También el desarrollo de tecnologías para mejorar la calidad del aire, la gestión de residuos o la seguridad vial ha hecho nuestras vidas más largas y seguras.
La educación y el acceso a la información.
Han empoderado a las personas para tomar decisiones más informadas sobre su salud y entorno. El rol de las mujeres ha cambiado: participan activamente en el ámbito profesional y social, lo que también ha transformado las dinámicas familiares y comunitarias, generando redes de apoyo más equitativas.
Por último, no podemos dejar de mencionar el impacto de los vínculos sociales.
Estudios muestran que las personas que mantienen relaciones afectivas fuertes, redes de amistad y sentido de pertenencia tienen una mayor expectativa de vida. En este sentido, el envejecimiento se vive hoy con más dignidad, más voz y más elección.
¿Qué debemos mejorar?
Aunque los avances han sido notables, todavía existen desafíos que debemos enfrentar para garantizar una vida más larga y, sobre todo, con mayor calidad para todas las personas.
Algunas de estas asignaturas pendientes incluyen:
- Desigualdad en el acceso a la salud: No todas las personas acceden de la misma manera a la medicina preventiva, tratamientos de calidad o una buena alimentación. Las brechas económicas, geográficas y sociales siguen siendo un gran obstáculo.
- Salud mental: A pesar de los avances, el bienestar emocional y psicológico sigue siendo una deuda. La soledad, la ansiedad y la depresión afectan a millones de personas y requieren políticas públicas que promuevan el acompañamiento, la escucha y el cuidado.
- Envejecimiento activo e inclusivo: Aumentar los años de vida no es suficiente si no se promueve una vejez con sentido, participación y oportunidades. Aún hay prejuicios y barreras que dificultan que las personas mayores sigan activas y visibles en la sociedad.
- Educación continua sobre salud: La información es abundante, pero no siempre accesible o comprensible para todos. Se necesita promover una educación en salud más clara, cercana y constante, que llegue a toda la población.
- Cambio climático y medioambiente: El entorno en el que vivimos impacta directamente en nuestra salud. La contaminación, el deterioro ambiental y el cambio climático amenazan muchos de los logros alcanzados. Vivir más también significa cuidar el planeta donde vivimos.
Seguir avanzando implica no solo celebrar lo conseguido, sino también comprometerse con lo que falta. Solo así podremos asegurar que los años ganados se vivan plenamente y en condiciones más justas para todos.