¿Cómo calculó Trump los aranceles?

A ver, gente, hoy venimos con un tema que pica más que unas bravas bien cargadas: los aranceles de Donald Trump. Pero tranquilos, que lo vamos a contar con humor, que bastante serio es el asunto ya de por sí.

Suena complejo, pero lo explicamos sin rodeos

Imagínate que tienes un chiringuito y vendes helados. Todo va bien hasta que llega un guiri con un carrito lleno de helados más baratos. ¿Qué haces? Le dices: «Amigo, si quieres vender en mi playa, suelta la pasta». Pues en el mundo del comercio internacional, eso se llama arancel.

Trump y su plan maestro

Trump, que tiene ideas más peculiares que una paella con chorizo, decidió aplicar esta táctica para «ajustar cuentas» con los países que vendían más a EE. UU. de lo que le compraban. Como todo lo que hace, unos le aplaudieron y otros se llevaron las manos a la cabeza.

¿Qué es un arancel?

Piensa en que tienes un bar y sirves bocatas de calamares. Un día, viene un listo de otro barrio con bocatas más baratos. ¿Qué haces? Le cascas un «impuesto revolucionario» para que no te fastidie el negocio. Pues eso, pero a nivel internacional. Un arancel es, básicamente, un impuesto a los productos extranjeros para que los de casa tengan más posibilidades de venderse.

¿Y qué hizo Trump?

Donald se plantó y dijo: «Vamos a ver, esto no puede ser. Nos están vendiendo de todo y nosotros no colocamos ni una pegatina de la Estatua de la Libertad. No me gusta.»

Y ala, arancelazos a diestra y siniestra para equilibrar la balanza comercial. Algo así como subirle el precio a los bocatas de fuera para que la gente compre los de dentro.

La fórmula mágica de Trump

El hombre, que no se complica mucho, agarró una calculadora y lo hizo así:

  1. Miró cuánto vendía un país a EE. UU. (por ejemplo, China le metía 438.000 millones de dólares en mercancía).
  2. Restó lo que EE. UU. le vendía a ese país (295.000 millones).
  3. Sacó el porcentaje de diferencia (68%).
  4. Lo dividió por dos, para no quedar muy borde, y ¡pum! Arancel del 34%.

Ejemplo para el que se ha despistado

Si antes China te enviaba un peluche por 10 dólares, ahora con el arancel de Trump pasa a costar 13,40. Vamos, un peluche con recargo, con la esperanza de que la gente prefiera comprar uno «Made in USA».

Y no solo China…

Trump, con el rodillo en la mano, empezó a pintar aranceles a Japón, Corea del Sur, la Unión Europea y a cualquier país que le pareciera que vendía más de lo que compraba. Y si el balance estaba igualado, pues nada, 10% de arancel por si acaso.

¿Y cuál fue el lío?

Unos aplaudieron, otros gritaron: «Pero Donald, ¿qué haces, alma de cántaro? ¡Si tú me cobras, yo te cobro también!» Y ahí empezó la fiesta: una guerra comercial que, en términos técnicos, se llama «a ver quién aguanta más». Pero Trump, erre que erre: «Aquí lo importante es que EE. UU. gane más y pierda menos, lo demás me da igual.»

Resumen express

Trump vio que EE. UU. compraba mucho y vendía poco, se mosqueó y dijo: «Se acabó, el que quiera vender aquí, paga peaje.» Hizo cuatro cuentas, aplicó aranceles y se montó un buen culebrón económico. Algunos estuvieron de acuerdo, otros no, pero él siguió adelante.

Y así, queridos amigos, funcionan los aranceles de Trump.

Si tenéis dudas, preguntad, que aquí no cobramos aranceles… de momento.